Historia de la devoción

A mediados de mayo de 1839, en una casa particular en Madrid dónde se reunían varias personas para obsequiar a la Santísima Virgen con la extendida devoción de las Flores o Mes de María, fue invitado un jesuita, el Padre Ramón García Leal, que a petición de la las señoras de la casa y de varias personas amigas, se encargó de dirigir los cánticos y obsequios que se hacían en dichas flores lo que quedaba del mes.

Uno de los obsequios que prescribía para el sorteo de la flor que se hacía al día siguiente, era visitar alguna imagen de María a la que se tuviera más veneración de entre las muchas que había en Madrid.

En los últimos días de mes el Padre Ramón G. Leal animó a aquellos devotos de María a que dichos obsequios no se limitasen únicamente al mes de mayo y les propuso la idea que había concebido, por inspiración de la Santísima Virgen, de formar una Asociación en la cual cada día uno de los asociados, según les tocara en suerte, visitara en nombre de todos la imagen de María que se le asignara mediante sorteo.

Este pensamiento fue acogido con mucho gusto por más de veinte personas que al instante se asociaron y organizaron para que desde primeros de junio de dicho año se obsequiara e hiciera la corte a la gran Reina del Universo, el día del mes y a la imagen que a cada uno le tocara en suerte.

La noticia de tan sencilla y provechosa devoción llegó a los amigos de los que se reunían en dicha casa y al momento también quisieron formar parte de los asociados, y pasando de unos a otros, creció tanto su número, que al cabo de dos o tres meses ya se contaban centenares de personas. Entre ellas también había muchos sacerdotes y religiosas.

Este incremento de asociados, obligó al Padre Ramón G. Leal a dividir dicha Asociación en Coros y organizar el funcionamiento de éstos de forma coordinada y homogénea.