Sagrada Titular

“… yo soy Madre del Amor Hermoso, del Temor Santo, de Sabiduría y de la Santa Esperanza … y me doy a mis hijos desde toda la eternidad …”

(Eclesiástico 24, 17-18)

Esta cita del Antiguo Testamento dio lugar a la preciosa Advocación de la Virgen María Madre del Amor Hermoso, remontándose ya su veneración al canto litúrgico en el oracional Bizantino.

Grandes Santos, iluminados por el Espíritu Santo alaban esta Advocación de la Virgen en sus enseñanzas y escritos. Cabe destacar a San Bernardo de Claraval quien en su especial devoción a la Santísima Virgen y habló de manera sublime de la Reina de los Cielos, así como San Luis María Grignon de Montfort impulsando grandemente la devoción Mariana de su tiempo y en los tiempos actuales en los que sigue Nuestra Madre del Amor Hermoso, llena del Espíritu Santo actuando en todos los que con confianza se acercan y entregan a Ella:

María es Madre del Amor Hermoso, porque es Madre de Jesús, el Hijo de Dios. Y Dios es Amor.

San Juan Pablo II dijo que María es la “Madre del Amor Más Hermoso”.

“El Amor Hermoso se aprende sobre todo rezando. En efecto, la oración comporta siempre, por usar una expresión de San Pablo, una especie de escondimiento con Cristo en Dios (Col. 3, 3): Sólo en este escondimiento actúa el Espíritu Santo, fuente del Amor Hermoso.

Confío la tarea de toda la Iglesia a la materna intercesión de María, Madre del Redentor. Ella, la Madre del Amor Hermoso, será para los cristianos que se encaminan hacia el gran jubileo del Tercer Milenio la Estrella que guíe con seguridad sus pasos al encuentro del Señor.

La humilde muchacha de Nazaret, que hace dos mil años ofreció al mundo el Verbo encarnado, oriente hoy a la humanidad hacia Aquel que es la Luz Verdadera, aquella que ilumina a todo hombre (Jn. 1,9)” (San Juan Pablo II)

Madre del Amor Hermoso, Madre del Temor Santo.

El Temor Santo es temer ofender a Dios y estar separado de Él. La Virgen María tuvo el don del Temor Santo de Dios en grado máximo. Por eso, la forma más segura para no alejarnos del Señor es acudir a la protección de la Virgen, nuestra Madre del Amor Hermoso y del Temor Santo de Dios. El Temor Santo crece con el amor y nos lleva a huir de las ocasiones de pecado, inclinándonos a una mayor delicadeza con Dios y con todo lo que a Él se refiere.

Madre del Amor Hermoso, Madre de Sabiduría.

La Encarnación del Verbo, iluminó el alma de María: Dios habitaba entre nosotros oculto en su seno. El Espíritu Santo, Espíritu de Sabiduría, iluminó y transfiguró todo en Ella: ampliando todos los horizontes de María según los horizontes de Dios. Los designios de Dios se realizaban y se realizan actualmente, ante sus ojos en una altísima visión y Sabiduría. El Espíritu Santo, su Esposo, ante el “si” de María, su total entrega y esclavitud al Señor, nunca la ha abandonado, permaneciendo en Ella el Espíritu de Sabiduría.

Madre del Amor Hermoso, Madre de la Santa Esperanza.

“¡Dichosa tú que creíste! Porque se cumplirá lo que el Señor te anunció” (Lucas 1, 45)
Madre de la Fe y de la Esperanza, tu fe ciega en el Señor te llevó a creer la maravilla que el Arcángel Gabriel te anunció que tendría lugar: y el Verbo se hizo carne. Y tu esperanza de tenerle en tus brazos es la nuestra de tenerle siempre a nuestro lado: Madre de la Santa Esperanza que nos ayuda, alienta y anima a seguir con la confianza puesta en el Señor, a creer contra toda esperanza.